La fotografía es imagen pública y privada, análoga y digital, amateur, profesional, de estudio o ambulante, imagen fija o animada. Familiar, documental, de viajes, conceptual, artística. Casi todo el mundo ha sido fotografiado, casi todos hemos fotografiado, casi todos hemos visto fotografía. Este blog está dedicado a la reflexión sobre este método de representación.

Blogger: Xavier Aguirre Palacios

Las venas abiertas




Sólo despacio puede caminarse sobre los escombros. Lento, una familia, o un grupo de vecinos o quizás un grupo de desconocidos, se desplaza cabizbaja entre las ruinas. Una nube de polvo y humo ocultan las perspectivas y el horizonte.
Lo que fue avenida, acera, muro, sólo es pedacería urbana e inservible. Trozos de ciudad revueltos en el deshuesadero de la vida cotidiana: muebles, cables, barandales, letreros de la calle.
En un principio podría ser cualquier catástrofe en cualquier lugar del mundo. A pesar de ello el subdesarrollo late en imagen, en los postes de luz que denotan una pobre infraestructura, en ese carcomido que todos los edificios parecen exhalar desde antes de la tragedia. Se intuye en la imagen que no se trata de Londres o Tokio, sino de Kabul o Nueva Dehli, de Kigali o Mogadiscio.
En esta fotografía asistimos a la ruina de Puerto Príncipe, devastada por un sismo de 7 grados en la escala de Richter el 12 de enero de 2010. Haití se sacude hasta derrumbarse. En el país más pobre de América se rasga y destroza el suelo y la vida de miles de personas. La ciudad se vuelve inservible. Pierde su habitabilidad y su posibilidad de lo cotidiano. Se convierte en un lugar donde no se vive, aunque en ella se sobreviva.
La imagen nos muestra el martirio de los que quedan. Aunque concedo que pueda estarse mejor vivo que muerto, ello no implica el milagro de la supervivencia, el bienestar en el sobrevivir. Vivir para contarla, salvarse para ser un exiliado en tu propia ciudad, en tu propio país; vivir para enterrar a los muertos y para reconstruir la vida de los vivos, para pasarse una eternidad añorando y tratando de seguir adelante. Así caminan los personajes de la imagen. Así llevan su miseria de forzados nómadas urbanos.
Con esta imagen Daniel Aguilar obtuvo el Premio Rey de España en la categoría de Fotoperiodismo de la edición 2010. La fotografía pertenece a la serie Las venas abiertas de Puerto Príncipe publicada en la revista MX tan sólo unos días después del sismo. El jurado destacó la gran intensidad de la imagen de Aguilar, que "capta con enorme fuerza plástica la desolación y el drama humano vividos en Puerto Príncipe después del terremoto."
Con esta fotografía asistimos a la miseria, a la tragedia más honda, a la implacable fuerza que en breves momentos arruina (convierte en ruinas) la vida de miles personas, de un país entero. En ella podemos ver realmente las venas abiertas de Puerto Príncipe, venas que, rotas, sangran sobrevivientes.
Más allá de lo visual, el título hace referencia a Las venas abiertas de América Latina, libro mítico de Eduardo Galeano cuyo contenido resignifica por completo la imagen de Aguilar. Publicado por vez primera en 1971, en un momento de fuertes choques políticos y sacudidas sociales en toda América, el ensayo de Galeano recapitula la historia de sus pueblos poniendo énfasis en la explotación de la ha sido objeto el continente. En el contexto de las distintas movilizaciones sociales latinoamericanas, enfrentadas a las dictaduras militares de aquellos años, el libro se convirtió en un ícono de la resistencia, en un emblema de la oposición al capitalismo salvaje. Galeano se enfoca en la forma en que el saqueo sistemático de los recursos naturales, es causante directo de la pobreza, hambruna, desigualdad y miseria que aquejaban, y aún aquejan, a América Latina.
Por supuesto Haití forma parte de la obra. Galeano narra la despiadada producción de azúcar durante la colonia, obtenida y comercializada por medio del trabajo esclavo; la sangrienta guerra librada para conseguir la independencia nacional y el posterior bloqueo económico que padeció la isla por parte de Inglaterra y Estados Unidos. Describe el ingreso de Haití en el mercado internacional, la preferencia dada al cultivo de caña y café, relegando la siembra de productos de consumo nacional; la sumisión ante la voluntad del mercado estadounidense, maquilando masivamente productos como cassettes y pelotas de béisbol; el régimen despótico de los Duvalier y la miseria sofocante del país más pobre del hemisferio occidental.
Al elegir el título Las venas abiertas de Puerto Príncipe, Daniel Aguilar hace referencia al contenido del libro de Galeano, a la pobreza crónica del pueblo haitiano. Las fotografías van más allá. No sólo muestran la catástrofe telúrica, sino la forma en que la magnitud del sismo se engrosa por la miseria que la isla viene arrastrando desde hace siglos.
El resto de las imágenes lo reafirma. Una hilera de sobrevivientes espera, sometidos por una pobreza totalitaria, en una fila interminable; un soldado mira, y nosotros miramos en el reflejo, la miseria que queda tras el saqueo sísmico; un hombre es extraído de la humildad absoluta de los escombros; un muerto yace en el suelo y quienes quedan huyen sin poder escapar de la pobreza exacerbada impuesta por el terremoto y por la Historia.
La catástrofe va más allá del sismo. La fotografía galardonada nos muestra las venas abiertas de Puerto Príncipe. El pauperismo late en la imagen de una calle que nunca fue esplendorosa, de unos edificios que antes de derrumbarse sólo conocieron el salitre y el carcomer del subdesarrollo. La ciudad se desangra. De las heridas brotan los náufragos telúricos, que son también los náufragos de su pobreza.






Links de interés:

Fotoperiodismo con iPhone


Hace un par de días el Reynold
s Journalism Institute de Columbia, entregó el Premio internacional a las fotografías del año (POYI, por sus siglas en inglés). En
la categoría dedicada a la prensa diaria fue nombrado ganador Damon Winter, fotógrafo del New York Times.


Dado que el galardón premia el trabajo reali
zado a
lo largo de todo un año, el sitio muestra múltiples imágenes que Winter realizó en diversos momentos en distintos lugares del mundo.

Llama la atención una serie que retrata la vida de soldados de la 10ª División del ejército estadounidense, realizada en Noviembre de 2010 en el norte de Afganistán. La serie ha desatado polémica pues fue ejecutada por completo utilizando un iPhone. Más específicamente, utilizando la aplicación Hipstamatic Prints. El resultado son fotografías con variaciones en los tonos, bordes viñeteados y una fuerte carga estética nostálgica.
Este mismo conjunto de imágenes obtuvo el tercer lugar en la categoría de historia visual del POYI.

La manufactura de la serie ha destado un amplio debate en EEUU en torno a la siguiente pregunta:
¿Puede validarse como fotoperiodismo una serie fotográfica que ha sido deliberadamente alterada a través de herramientas digitales?

La intención de este post es abrir el debate entre nosotros.

La solución del debate es en apariencia sencilla: no existe diferencia entre el iPhone y una cámara. Tampoco la hay entre la aplicación Hipstamatic y el uso de filtros, teleobjetivos, viseras y cualquier otra herramienta que el fotógrafo utilice para realizar la toma fotográfica.

El género se define por el mensaje que contiene, por el uso social y público que se le da a una imagen, y no por el medio mediante el cual se produce.

Sin embargo una gran cantidad de fotógrafos aceptará como fotografías periodísticas únicamente aquellas imágenes que procedan de una toma directa, "no manipulada" o que sólo incluya modificaciones o manipulaciones que se realicen antes de la toma fotográfica o durante la toma misma. Algunos de los más ortodoxos ni siquiera aceptarán esto y también renegarán de cualquier manipulación posterior.

La aplicación Hipstamatic toma la imagen y después la modifica con las especificaciones señaladas previamente por el usuario. Es en estricto sentido una manipulación posterior de la imagen, aún cuando el fotógrafo conozca de antemano el tipo de modificaciones a realizarse.


Si se vale con Hipstamatic ¿por qué no se vale con Photoshop?


Se puede argumentar que la manipulación es válida, con Hispstamatic, con Photoshop o en el laboratorio, siempre que el fotógrafo no añada ni sustraiga información. Pero ¿no son información los tonos, las sombras, las texturas? ¿No cambia acaso lo que nos dice una imagen si tiene más o menos grano, si los colores son menos vivos o la imagen aparenta ser más antigua?


Quizás sólo se está validando el uso de Hipstamtic porque genera la apariencia de producir una toma más directa.



¿Tú qué opinas?










Reuters vs Twitter


Comienza a ser un lugar común el hablar de la nueva importancia que las redes sociales tienen en la actualidad. Noticieros, analistas, académicos, revistas y hasta películas, no dejan de recordarnos el papel fundamental que twitter y facebook (por hablar de las dos más relevantes) desempeñan en nuestras vidas cotidianas.


Como parte de este aluvión, el primero de enero de este año, el diario español ABC, en su versión en línea, publicó una breve nota sobre dos fotografías de la tenista Kim Clijsters. La nota, titulada “Una fotografía, dos ángulos distintos”, muestra dos imágenes: una tomada por un fotógrafo de la agencia Reuters y otra realizada por la misma Clijsters, con su celular.




El texto es breve y más bien bobo. Celebra la alegre coincidencia que nos permite ver una misma imagen de Clijsters y su rival, desde dos ángulos distintos. Casi de pasada, la nota refiere que la fotógrafa/tenista tomó la foto para subirla a su twitter.

En este mínimo detalle, está el verdadero interés de esta noticia.


En casi todas las redes sociales la fotografía ha tenido un papel central. En un principio como parte del perfil que permitía la identificación, singular y única, de los usuarios. Más adelante se logró, y ahora nos parece casi indispensable, que los usuarios pudieran compartir fotografías en tiempo real con todos los otros miembros de la red.


Clijsters tomó una fotografía y en sólo unos instantes la compartió con cerca de 62,000 personas. ¿Puede esto afectar a Reuters?


Por supuesto la imagen de Clijsters no representa desafío o problema alguno para la renombrada agencia. La imagen realizada por la tenista es de mala calidad, el tema es bastante banal y en todo caso Reuters cuenta con más seguidores en twitter que Clijsters (la agencia cuenta con más de 347,000).


El fotoperiodismo no está, ni estará, amenazado por las redes sociales. Siempre tendrá mejores herramientas, mejores fotógrafos y mejores medios, pues no sólo cuenta con aquellos que puede comprar el dinero, sino también con todos los medios gratuitos que usamos el resto de ciber usuarios.


El fotoperiodismo no desaparecerá, pero puede que si tenga un hijo bastardo. Bastardo porque no será realizado por fotoperiodistas sino por el resto de cibernautas. Seamos sinceros tomar fotografías no te convierte en fotógrafo, del mismo modo que escribir no te convierte en escritor, sin embargo, ello no quita la capacidad expresiva y crítica que cualquier persona puede lograr usando una cámara fotográfica (o un celular con cámara).


En vez de vaticinar el fin del fotoperiodismo, pienso anunciar el alegre nacimiento de un extraño híbrido en donde el ciudadano común, utilizando las herramientas provistas por las redes sociales y las tecnologías actuales, realizará imágenes críticas y analíticas, logrando con ellas reflexionar colectivamente sobre la realidad.


Para muchos esta aseveración parecerá absurda. Me dirán que la gente toma fotos de sus novias, de letreros graciosos en las aceras, de amigos borrachos en el sillón. Cierto. Pero también al principio los usuarios atiborraban sus perfiles y muros de sandeces y banalidades (muchos aún lo hacen), y poco a poco algunos fueron tornándose más reflexivos y críticos. ¿Cuántos de nosotros no usamos nuestros perfiles como lugar de cavilaciones académicas o artísticas, de reflexión política ciudadana o incluso de activismo moderado?


Las imágenes que pululan por las redes sociales tienen además las enormes ventajas de la inmediatez y la velocidad, gozando (y padeciendo) la ausencia de cualquier tipo de filtro. Alguien toma una foto y ésta puede ser vista por miles de personas en cuestión de minutos, sin que tenga que pasar por el tortuoso que camino que implica el lograr la difusión de una imagen a través de los medios masivos de comunicación.


En las últimas 24 horas los sitios web mexicanos han publicado más de 900 notas sobre facebook y más 1800 sobre twitter.* La influencia las redes sociales es clara en nuestra vida diaria. Es hora de que los usuarios nos adueñemos de ellas a través de la imagen, de la fotografía crítica y reflexiva. Aprovechemos las redes sociales y las nuevas tecnologías , que nos permiten expresar nuestras opiniones y reflexiones, por medio de fotografías, compartiéndolas con miles de personas.















* Incluye la publicación en diarios y revistas, agencias periodísticas, canales televisivos y de radio, así como sitios web con sección de noticas (tales como Terrra o Hotmail). Los datos fueron extraídos aplicando diversos filtros al buscador de Google.


Fotografía y Memoria


Para todo aquel con dos dedos de frente, la relación entre fotografía y memoria parece obvia. Habitualmente este vínculo se piensa en función de la capacidad referencial de la imagen, esto es, en la posibilidad de la fotografía de referir, mostrar y evocar acontecimientos o circunstancias del pasado. Las fotos de una boda, del cumpleaños de mi abuela, las imágenes de Héctor García sobre el movimiento vallejista, o las fotografías de Koudelka sobre la invasión soviética de Checoslavaquia, buscan aludir a un momento del ayer, a un hecho del que debe quedar memoria. Podemos decir que Koudelka y mi abuela tienen en común un afán por preservar, a través de un lenguaje visual, un acontecimiento significativo. Por supuesto la significación es distinta, pues a pesar de la enorme trascendencia que la abuela ha tenido en mi vida (yo no sería quien soy sin sus abundantes desayunos), sería iluso comparar el impacto de su cumpleaños con la ocupación militar de un país en el contexto de la Guerra Fría. A pesar de ello, dichas fotografías nacen todas del mismo impulso primigenio del hombre por conservar, en este caso a través de la fotografía, lo que ha sido, lo que fue, lo que pasó; sabiendo que la imagen goza de la mencionada capacidad referencial.

(Foto: Pedro Meyer)

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con este tipo de vínculo entre fotografía y memoria, sin embargo “Un canguro llamado huachinango” (taller impartido en la Fundación Pedro Meyer) me llevó a pensar en los otros posibles nexos entre memoria y fotografía.
[1]

Como muchos sustantivos del español “memoria” es una palabra que puede utilizarse con muy diversos significados en una enorme variedad de circunstancias. “Memoria” es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Es la huella o vestigio (material o inmaterial) del ayer, o incluso el pasado mismo visto desde la actualidad del sujeto. Hacer memoria es el acto mediante el cual (consciente o inconscientemente) enunciamos para otros, o para nosotros mismos, acontecimientos del pasado propio o compartido. El mismo vocablo se utiliza para referirse a la facultad mental de todo individuo, al objeto material, al pasado propio y colectivo y al acto de recordar. Incluso se refiere a este supuesto espacio, pequeño cofre, dentro de nuestro cerebro, en donde cuidadosamente atesoramos aquello que recordamos, o creemos recordar, sobre lo que ha pasado en nuestra vida y en nuestro entorno.

Contrario a la multiplicidad significante de “memoria”, “fotografía” goza, como pocas palabras, de un significado casi unidireccional, lo cual no quiere decir menos flexible. A pesar de las dificultades de definir en qué momento preciso los calotipos, daguerrotipos y otros procedimientos contemporáneos a ellos, pueden considerarse propiamente fotografías; y a pesar del debate actual en torno a la validez o no de la manipulación digital; casi todo el mundo, aceptará el llamar “fotografía” a cualquier imagen consecuencia de la acción de la luz sobre una superficie sensible. Sobra decir que el término es, ante todo, versátil, pues resulta igualmente válido para denominar la imagen estenopeica, análoga o digital, entre muchas más.
Dicho en otras palabras, a pesar de la mencionada versatilidad, casi cualquier persona al ver una fotografía la reconocerá como tal y la llamará con ese nombre, y casi nadie llamará “fotografía” a un óleo, un poema, una escultura o cualquier producto de otra técnica de representación.

Pensemos lentamente en los múltiples significados de memoria. Repasemos somera e imaginariamente la amplitud de imágenes que (a pesar de sus enormes diferencias) son todas fotografías. ¿No será que la unión de memoria y fotografía es aún más fértil de lo que pensamos? La fotografía como memoria gráfica, como referencia, fotografía como huella, como pasado, fotografía como el acto mismo de recordar.

“Un canguro llamado huachinango” me mostró imágenes de jardines y cafetales, de mujeres, maniquíes, de circos, carnavales, del dolor de un poblado y del dolor de un pueblo. Amateurs, profesionales y escolares, análogas y digitales. Todas fotografías y todas con un distinto vínculo con la memoria, sin que estos sean excluyentes entre sí.

Sobre el primer nexo ya he hablado. La función referencial de la imagen fotografía crea la ilusión de exhibir el mundo tal cual es. La foto es entonces un recurso informativo que nos permite acceder a acontecimientos del pasado o del presente. Esto es lo que pasa al mirar las fotografías de los jornaleros en los cafetales y las barricas en donde duermen, o quizás al contemplar aquellas imágenes de mujeres dolientes, que en medio de un llanto sin lágrimas, esperan la llegada de un ataúd en Michoacán. En estos casos la fotografía nos muestra un fragmento de la realidad pasada, o al menos del presente recién transcurrido. La fotografía es en estos casos recuerdo.


(Fotos: Mauricio Jiménez)


Estas imágenes son también memoria futura, pues seccionan, cortan, seleccionan y fijan, un pedazo del mundo para los ojos de quienes estén después de nosotros, quienes construirán con ellas parte de su memoria al mirar nuestros periódicos, archivos, revistas o álbumes.

En otros casos las fotografías son el objeto mismo de la memoria. En aquellas imágenes que integran una carpeta de trabajo o un proyecto escolar, las fotos son el evento en sí mismo. No el recuerdo, sino el pasado. El objeto fotográfico, la impresión, el archivo, la toma, son entonces el acontecimiento que después será recordado. Las imágenes de mujeres y maniquíes, en aparadores o en la calle; la fotografía en que una muchacha entra solitaria a un vagón de metro; las imágenes de rabinos que transitan morados frente a fondos naranjas; o aquellas que muestran el desempeño de un estudiante que juega con las luces, las distancias, los objetivos. En todas ellas, la fotografía es a la vez objeto y suceso, y nuevamente se proyecta como memoria, como objeto de la memoria del mañana. El pensar la fotografía como acontecimiento, es moneda de uso corriente, pues es así como la abordan los historiadores, críticos y analistas de la imagen.


(Foto: Claudia López)


(Foto: Rodolfo Saldívar)(Foto: Xavier Aguirre)
También existen imágenes que reflexionan. Que transmiten sensaciones y opiniones personales o colectivas. Fotografías que juntas son un discurso gráfico, una elaboración visual y consciente del pasado. Las imágenes de un parque devastado, de plantas marchitas y senderos maltrechos, son una analogía de la incertidumbre y de la depresión. Del duro paso de la crisis que se respira en el aire y de quien la siente dentro del propio pecho.

(Foto: Alejandro Briones)
Las fotos del carnaval de Iztapalapa, de aquella profusión de charros, payasos, hadas y reinas, son una reflexión sobre lo pintoresco. Sobre la versatilidad de la cultura, sobre las espirales en que se funden fantasía y realidad, glamur y pobreza. En ambos casos la fotografía (la imagen fotográfica y el acto creativo que le da origen) es la forma en que construye el recuerdo, la técnica de que se sirve la memoria para pensar y caracterizarse.
(Fotos: Enrique Villaseñor)
Hay que pensar además en la fotografía como vehículo. No como recuerdo, sino como el acto en sí de recordar, de acordarse, de sentir nostalgia, de sumergirse viéndose por dentro a uno mismo y a los suyos. Las fotografías de tétricas montañas de zapatos, maletas, anteojos, único rastro material de quienes fueron injustamente asesinados en Auschwitz, transforman a la imagen en un canal entre la memoria personal y la colectiva, entre la memoria de una mujer y la de su pueblo. Las fotos del circo, de sus carpas y tráileres, de sus artistas y su colorida festividad itinerante, nos muestran el rostro de un hombre que muchos años antes se había liberado tomando fotos del circo. La fotografía (como imagen, como acto creativo y como fenómeno colectivo) es estos casos una forma en que el fotógrafo vuelve sobre su propio pasado.
(Fotos: Sergio Lubezky)
A pesar de lo contrastante de las temáticas, ambas series tienen mucho en común. En ellas la fotografía es una forma de visitar (o re-vistiar) la historia. Es aquí la foto un vehículo de la memoria, una vía de la introspección, una forma de volver sobre los propios pasos y adentrase hondo, hondo en la memoria. Es esto lo que pasa en los ojos perdidos, de quien vuelve sobre sus álbumes fotográficos y se encuentra consigo mismo en las imágenes familiares. La fotografía se convierte entonces, en uno de los pocos, poquísimos, mecanismos en la vida cotidiana, que llevan al ser humano a volver sobre su pasado, sobre su historia.

En todos estos casos la fotografía (entendida como la práctica que implica pensar, crear, mirar y conservar imágenes fotográficas) es una praxis individual y social vinculada a la memoria.
Hace poco, en un diplomado que nada tiene que ver con "Un canguro llamado huachinango”, dos queridos maestros aseguraban que antes la gente tomaba fotos para recordar, mientras que hoy lo hacían para olvidar. Sí y no. Lo que ellos quisieron decir es que antes del fenómeno digital, la gente común (el ciudadano de a pie, aquellos afortunados seres humanos con una cámara en su poder) solían fotografiar aquellos momentos que deseaban recordar. Aquellos momentos, actores, hechos o circunstancias que deseaban preservar dentro de su memoria. Por el contrario en la actualidad, la humanidad fotografía para NO recordar, esperando que la imagen sustituya al recuerdo, pues es tal nuestra capacidad para fabricar fotografías, y después para acceder a ellas, que dejamos de lado nuestro propio recuerdo. Según mis profesores: fotografiamos para olvidar.
Sí y no. Aunque el argumento construido en el párrafo anterior es harto convincente, falla en su percepción de lo que es la memoria individual y colectiva. Es cierto que la gente (tanto amateurs como profesionales, yo, usted, nosotros y ellos) fotografía para olvidar, sin embargo este fenómeno no es nuevo y, contrario a lo que parece, ello no se contrapone a fotografiar para recordar.
A primera vista un recuerdo se construye con lo que recordamos. Sin embargo, en una reflexión un poquito más profunda, la materia prima del recuerdo, de la memoria y también de la fotografía, es el olvido. Lo que no pudimos asir, lo que se escapa, lo que no vimos o no quisimos ver, que queda fuera de cuadro, lo que nunca notamos. La memoria se construye primero con lo que olvidamos (consciente o inconscientemente) y sólo más adelante, con todo aquello que sí conseguimos preservar y que re-interpretamos desde la circunstancia presente.
Se suele pensar a la memoria como un cofre de recuerdos, como palacio del pasado, como un rinconcito en el cerebro en donde hurgamos a voluntad buscando aquello que se recuerda. Los estudios sobre el funcionamiento del cerebro, han demostrado que lejos de ser una especie de computadora con un lugar específico donde se aloja la memoria, nuestra mente construye una memoria activa. Lejos de contar con el mencionado cofre, lo que existe es más bien el proceso dinámico de recordar o evocar. En otras palabras, no existen recuerdos fijos ni fijados en parte alguna del cerebro, recordar es más parecido a crear que a reproducir. El acto mediante el cual accedemos a la memoria, el acto de recordar, es flexible, cambiante y se encuentra marcado por nuestras preocupaciones, sentimientos y características presentes.
Es cierto que al fotografiar olvidamos (siempre lo hemos hecho), pero es a partir de lo que deja dicho olvido que construimos nuestros recuerdos y nuestras fotografías.
La praxis fotográfica es como la praxis de la memoria, pues toda fotografía tiene un fuera de cuadro mucho más grande que el contenido de la imagen misma. Ninguna fotografía dice más de mil palabras, entre otras cosas, porque siempre varia su significado por la circunstancia en que se hace pública o privada, por la situación presente de quien interactúa con ella.
Tantos y tan fuertes son los vínculos entre fotografía y memoria que incluso hemos convertido a la fotografía en una facultad, una capacidad específica, que, aunque adquirida, es insustituible para ver, pensar y leer el mundo a través de cierto tipo de imágenes. ¿Cómo y por qué se recuerda?, ¿qué ocurre en nuestro interior para hacernos capaces de evocar ciertas escenas, situaciones, nombres y personajes? ¿No será que muchos recordamos ya “fotográficamente” magnificando y absorbiendo lo visual por encima de lo que nos proporcionan nuestros otros sentidos? ¿No esto lo que pasa, cuando al ir caminando por la calle nos detenemos ante lo inusual, lo inesperado, y lo observamos fijamente para que quede grabado en la memoria como una imagen fotográfica? ¿No es así como vemos a quien nos ama, detenidamente, fotografiando mentalmente las líneas, lunares y pequeñas imperfecciones de su cara? Cuando recordamos la cuna de nuestra primera infancia ¿realmente la recordamos, o la sentimos palpitando dentro de la memoria por obra y gracia de aquella fotografía donde la hemos visto un millón de veces?
La fotografía y la memoria, son para el individuo y las sociedades occidentales actuales, dos caras de la misma moneda.

[1] “Un canguro llamado huachinango” fue impartido, en mayo de 2010, por Pedro Meyer, en la fundación que lleva su nombre. Las imágenes que se utilizan para ejemplificar las posibles relaciones entre memoria y fotografía, fueron realizadas por los asistentes al taller.